Para entender lo que es una protusión discal, primero tenemos que saber lo que es un disco intervertebral.

Un disco intervertebral es como un globo que en lugar de aire hemos rellenado con un gel, y, en la mitad de ese globo tenemos una canica que se queda siempre en el medio gracias a un anillo de tejido fibroso que la sujeta. Cuando nos ponemos de pie el peso de nuestro cuerpo cae sobre el disco, que al ser comprimido reparte las presiones en todas direcciones, actuando como un amortiguador, de tal manera que reduce el daño que producen los pequeños impactos del día a día en nuestra columna (al andar, correr, incluso al estar sentados por soportar el peso de nuestro cuerpo).

Con el paso de los años y por esas presiones repetidas, nuestros discos se van deshidratando y el gel que teníamos dentro del disco se va volviendo un poco más sólido y le pueden salir grietas, si a eso le sumamos que las fibras que rodean el núcleo (la canica) se van rompiendo poco a poco al hacer sobreesfuerzos, el resultado es que la canica queda libre para moverse a través de esa grieta y puede irse a uno de los extremos del disco, donde, si miramos desde fuera del disco, veremos como un bulto que sobresale un poco, esto es una protusión.

La protusión predispone a dolores de espalda, ya que puede tocar ligamentos, nervios, etc, o por el propio proceso inflamatorio que se genera. Si tenemos una protusión tendremos que realizar sesiones de fisioterapia para equilibrar los músculos y que la espalda tenga una buena biomecánica, fortalecer los músculos para dar estabilidad a la columna, trabajar el resto de amortiguadores del cuerpo (hablaremos de ellos en otro artículo) y estirar muy bien.

Si la zona continúa sometida a sobreesfuerzos el globo puede acabar por romperse y el núcleo salir fuera, en cuyo caso estaríamos hablando de una hernia discal.

La hernia discal da dolores de espalda y, si toca algún nervio, puede producir dolor en una extremidad (brazos si la hernia es cervical y piernas si es lumbar) y puede dar lugar a parestesias (sensación de dormido) y pérdida de fuerza. La mayor parte de las hernias tienen un abordaje conservador, con fisioterapia, ejercicios, estiramientos,… pero cuando es necesario, el dolor es muy fuerte, hay daños en el nervio, etc… pueden requerir tratamiento quirúrgico.