Hoy vamos a hablar de la fascia, una gran desconocida y normalmente ignorada, una membrana que nos recubre por todo el cuerpo, con múltiples funciones, pero, sobre todo, el gran nexo de unión de nuestro cuerpo.

Nos encontramos con esta membrana justo bajo la piel, pero recubre también nuestros músculos, nuestros huesos, nuestras vísceras,…

Antes de seguir hablando sobre las virtudes de la fascia, vamos a intentar entender… ¿Qué es la fascia?

La fascia es un tejido con forma de red que nos recubre todo el cuerpo, esta red está formada por un cableado tubular, de aspecto gelatinoso y extremadamente elástica (tan elástica, que es fundamentalmente gracias a esa elasticidad que los canguros puede alcanzar las longitudes de salto que alcanzan). Esta red conecta y envuelve todas las estructuras del cuerpo, proporcionándoles un soporte y asegurando el deslizamiento entre unas y otras.

Gracias a estas envolturas que realiza la fascia los vasos sanguíneos (venas y arterias) pueden deslizarse entre los músculos, nuestros pulmones pueden expandirse y encogerse sin rozar con nuestras costillas…

Hasta hace poco tiempo se pensaba que simplemente era un tejido de relleno, y por tanto, no se le daba demasiada importancia. Sin embargo, a día de hoy, sabemos que es un tejido sumamente importante, que relaciona todo el cuerpo y le transmite a nuestro cerebro sutiles cambios en la tensión de otros tejidos de una manera directa e incluso más rápidamente de lo que lo hacen nuestros nervios.

La fascia es nuestro tejido de sostén, nos ayuda a mantenernos erguidos y es sumamente elástica, contribuyendo de una manera bastante significativa a nuestro movimiento, la fascia por ejemplo nos ayuda a impulsarnos cuando andamos o corremos. Es por ello que restricciones en nuestra fascia podrían cambiar por completo nuestra forma de andar. Según la profundidad de la hablemos, podemos decir que tenemos varios tipos de fascias:

  • La fascia superficial, situada bajo la piel
  • La fascia profunda, que envuelve a los músculos
  • La fascia visceral, que envuelve las vísceras

Esta clasificación es humana, realizada para que podamos entender mejor la fascia, pero en la realidad los 3 planos de la fascia están relacionados, comunicándose entre sí, y no podemos diferenciar uno de otro, ya que, como hemos dicho, la fascia relaciona todo el cuerpo: lo que le ocurre a la fascia superficial se transmite a la fascia profunda y viceversa.

La fascia está fuertemente inervada, por lo que puede ser causa de dolor, de hecho, se le asocia como causa del 60% de los dolores de espalda. También está íntimamente relacionada con el sistema circulatorio, que discurre a través de sus planos y le ayuda en el retorno venoso y en la circulación linfática.

Cuando tenemos una herida (sea por cirugía o por otras causas), a veces, el trabajo de reconstrucción no es perfecto, dando lugar a lo que se conoce como una “cicatriz irritativa”, que hace que el tejido conjuntivo esté sometido a tensiones anormales que alteraran su estructura y elasticidad, modificando la biomecánica (o forma de moverse y relacionarse) de la fascia. Esto es lo que llamamos adherencias. A veces, las adherencias no salen sólo como consecuencia de una herida, pueden salir también a consecuencia de otros estímulos, como la inflamación producida por una enfermedad o el aumento de cargas en una zona del cuerpo, provocando alteraciones en la composición de la fascia, haciéndola más densa y menos elástica en determinadas zonas. Esto puede causar problemas no sólo en la zona donde se han producido las adherencias sino a distancia, ya que, como hemos explicado antes, la fascia comunica todo el cuerpo. Por ejemplo, adherencias en la espalda nos podrían dar problemas en un hombro o, adherencias en una cadera nos podrían causar problemas en el tobillo, y así infinidad de ejemplos…

Dicho todo esto, y como una imagen vale más que mil palabras, os dejamos un vídeo de la fascia a nivel microscópico para que veáis lo que os hemos contado y entendáis un poco mejor lo que es la fascina. Ver vídeo.  

 

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