Antes de hablar de las cosas que nos separan, me gustaría señalar que hay muchas similitudes entre los hombre y las mujeres corredores: la biomecánica de la carrera no es diferente entre hombre y mujeres, la postura, la frecuencia y la longitud de zancada afectan de igual manera a hombres y mujeres, las técnicas de entrenamiento, adaptadas a la capacidad de cada uno, tampoco varían significativamente.
Dicho esto, es cierto que las mujeres tenemos una forma corporal y resistencia diferente de la de los hombres, y cuando hablamos de correr tenemos que tener esto en cuenta.

Al ser nuestras caderas más grandes, nuestro centro de gravedad oscila más, obligando a un mayor trabajo de los estabilizadores de la cadera (que nos ayudan a controlar nuestro centro de gravedad y mantener así el equilibrio). Estos músculos deben trabajar más que en el caso de un hombre cuando realizamos el apoyo sobre una pierna, lo que hace que tiren más de la zona donde se insertan y esta se irrite aumentando nuestra tendencia a sufrir bursitis del trocánter, acortamientos del piramidal y el síndrome de la cintilla del corredor.
Para evitarlo debemos hacer estiramientos, mantener la zona elástica y realizar ejercicios de fortalecimiento. Además debemos intentar tomarnos con calma el aumento de km recorridos ya que tenemos que tener en cuenta que los tendones tardan más en fortalecerse que los músculos y si no tenemos cuidado y no hacemos un entrenamiento progresivo acabaremos con una tendinitis crónica, problemas en la rodilla o incluso fracturas por estrés.

Las rodillas son las segundas en acción, nuestra laxitud ligamentosa, mayor que la de los hombres, hace que tendamos a curvar las rodillas hacia adentro o hacia afuera (valgo o varo) haciendo que la rótula no vaya completamente recta cuando andamos o corremos, produciendo un rozamiento entre la cara interna de esta y el fémur, lo que nos lleva a procesos de artrosis femoropatelares (el cartílago se desgasta ya que la mala alineación produce un roce que daña el cartílago) y procesos dolorosos por compresión.
Para prevenir los dolores de rodilla debes fortalecer el cuádriceps que es el encargado de mantener la rótula alineada, para ello un buen ejercicio son las sentadillas.

Además, debes vigilar tus zapatillas deportivas, que deben asegurarte un buen soporte en la zona media del pie, para dar más estabilidad. Hay que tener en cuenta que el calzado debe proporcionar el equilibrio adecuado entre rigidez para dar estabilidad y flexibilidad, para permitir una buena movilidad de nuestras articulaciones. Las mujeres muchas veces comentemos el error de comprar unas zapatillas más rígidas o estrechas pensando que nos darán estabilidad, pero esto no es así, nuestro pie tiene menos musculatura que el de un hombre y una zapatilla muy rígida nos impedirá el movimiento normal del pie además de comprimir las estructuras propias del pie y generar vicios en la pisada.

Debemos prestarle especial atención a cualquier dolor que tengamos en los gemelos o la planta del pie ya que los tacones que se suelen usar a diario producen un acortamiento de los gemelos y la fascia plantar que cuando se comienza a correr suele manifestarse en contracturas en gemelos, principio de fascitis plantar y/o pequeñas roturas fibrilares que pueden llevarnos a tener que parar durante un tiempo y tirar por la borda todo nuestro plan de trabajo.

El período menstrual, las fluctuaciones hormonales durante el mes, afectan nuestro rendimiento. Cuando nos va a venir la menstruación nuestros ligamentos se vuelven más laxos por lo que nuestras articulaciones suelen estar más inestables, es el momento en el que más esguinces sufriremos.
Sin embargo, no por ello debemos dejar de correr, el movimiento de la carrera unido al líquido que perdemos por la sudoración nos ayuda a eliminar líquidos en ese momento en el que tanta retención tenemos, además de que muchas veces los dolores menstruales se verán aliviados tras una buena carrera.

Y ante todo, no olvides que: correr retrasa el envejecimiento, nos ayuda a controlar el peso y a mantener un buen estado de ánimo.